PENSAMIENTOS DE AQUELLOS
enero 31, 2010, 7:02 pm
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Diego Leonardo

“Eros, el más hermoso de los dioses inmortales, que rompe las fuerzas y domeña la inteligencia y la sabiduría de los dioses y de los hombres”.

Hesiodo. Teogonía.

“Ni la encina, ni la morera, ni la vid, me parecen superiores en hermosura e importancia a esta planta que es el hombre, el cual, en su desenvolvimiento, despliega con fecundidad maravillosa el doble vigor y la doble belleza del cuerpo y, del alma”.

Plutarco. Erotikós.

“Cada quien sigue su deseo”.

Virgilio. Égloga II, verso 65.

“Jussit Amor; contra quis ferat arma deos?
Lo quiere el amor; ¿quién alzará sus armas contra los dioses?”

Tíbulo. Elegía VI, verso 30.

“La vida es una enfermedad del espíritu, una acción apasionada. El problema de la conducta humana no es solucionarlo, sino comprenderlo y aceptarlo. Esto, creo yo, hicieron los clásicos”.

Novalis. Fragmentos.

“Las grandes pasiones sólo pueden fundarse en la unidad de dos espíritus amplios y dos cuerpos bellos”.

Francisco de la Maza

“El clásico amó con frenesí la juventud. El país helénico y el puer romano atraían tanto como la núbil doncella”.

Francisco de la Maza

“La belleza está en todas partes y fue amada y admirada en mujer o en varón”.

Francisco de la Maza

“De acuerdo con la pura regla estética, el cuerpo del hombre era mucho más bello, más perfecto y más acabado que el cuerpo de la mujer”.

Goethe

“La pederastia es tan antigua como la Humanidad y se puede decir, por tanto, que es natural, que se apoya en la Naturaleza, aunque sea opuesta a la Naturaleza.”

Goethe

Levántate, no sea que durmiendo, por detrás con su dardo, alguien te hiera.”

Diógenes Laercio. Vida de Diógenes, 5).

“Esta costumbre, que penetró toda la vida de los griegos, debió tener raíces más hondas que las del puro instinto; esta sensación no fue exclusivamente espiritual, sino también sexual, necesaria en un tiempo no acostumbrado a separar la existencia corpórea de la espiritual.”

C. O. Mûller

“Una civilización de hombres: tal es la griega clásica. Tocante a las mujeres, lo dijo Pericles en dos palabras: ‘Lo mejor es que no se hable de ellas entre los hombres.’ Las relaciones eróticas entre los hombres y los adolescentes fue la condición necesaria, única, de toda educación viril (como entre nosotros se funda la educación de la mujer en el amor y en el matrimonio). En los adolescentes se fijó todo el idealismo de la fuerza griega y jamás fueron tratados con mayor cariño, según aquella máxima de Hoelderlin: ‘Amando produce el mortal su mayor bien.’ Cuanto más se elevaba el concepto de estas relaciones, tanto más se rebajaba el comercio con la mujer, el cual se reducía al placer y a la procreación; no había con ellas relación intelectual ni amor verdadero. Si en la tragedia se representaban Electra y Antígona era por una tolerancia artística, así como hoy lo patético nos parece insoportable en la vida aunque nos agrade en el teatro. La misión de la mujer griega era criar niños robustos para contrarrestar la excitación nerviosa de una civilización floreciente. Esto es lo que mantuvo en larga juventud a la cultura griega.”

Nietzsche

“El amor efébico fue una fuente límpida de emociones de íntima delicadeza, de abnegación, de elevación ideal… Es menester decirlo de una vez con franqueza: es el amor homosexual el que abrió los corazones de los griegos produciendo su poesía erótica.”

Bethe

“En la gran variedad de las cosas, la naturaleza indica a cada quien su camino…”

Salustio

“A cada quien arrastra su deseo.”

Virgilio

“El ser humano es, en el fondo, bisexual. Tiene en sí las dos llaves del sexo. De una manera natural, cierra la parte homosexual de su ser, que es lo que hace la mayoría de la humanidad, y se olvida o no se da cuenta de ese abandono de una parte de su libido. Otros no pueden superar su parte homosexual y se quedan en ella haciendo de lo que es una parte, un todo. Otros cierran y abren, asombrados, sus dos posibilidades sexuales y se entregan a ellas. Esto hicieron los antiguos, privada y públicamente”.

Francisco de la Maza

“Vivir no es en el fondo oponerse a la naturaleza?

Nietzsche

“La monosexualidad no es lo normal. La naturaleza nos ha hecho bisexuales y exige que procedamos como tales.”

Stekel

“El cristianismo dio a beber veneno a Eros; no murió por ello, pero degeneró en vicio.”

Nietzsche

Esparta donde estaba prohibido casarse antes de los treinta años, cada cual debería escoger a un compañero predilecto.

César Cantù

“Es deshonesto conceder sus favores a un hombre vicioso o por malos motivos. Es honesto si se conceden por motivos justos a un hombre virtuoso.”

Pausanias

“Hay un factor psicológico de primer orden que explica esa libertad amorosa, contenida principalmente en el amor activo del hombre maduro y el amor pasivo del efebo: la comunicación mágica de la virtud por medio del coito. El hombre transmitía su virtud por medio del semen.

Francisco de la Maza

“No conozco mayor ventaja para un joven que tener un amante virtuoso”.

Fedro

“sólo los amantes saben morir el uno por el otro”.

Fedro

“La mujer es útil por ser hermosa, así como los mancebos hermosos; luego la doncella o el doncel dotados de belleza deberán ser útiles por esa su belleza, de la cual hay que usar, pues no será pecado usar de ellos si son útiles por hermosos.”

¿Qué fin puede tener la belleza humana sino gozarla? Luego no puede ser malo lo adecuado a ese fin, y aun es debido no despreciar la belleza.

Teodoro, discípulo de Aristipo

“No tengo necesidad de que me digas si amas o no amas; me consta, no sólo que amas, sino que también has llevado muy adelante tus amores:.. Un dios me ha dado un don particular que es el de conocer al primer golpe de vista al que ama y al que es amado.”

Sócrates

“Jupien, erguida la cabeza, daba a su talle un porte favorable, apoyaba con grotesca impertinencia el puño en la cadera, hacía salir su trasero, adoptaba actitudes con la coquetería que hubiera podido tener la orquídea para con el abejorro providencialmente aparecido.”

Marcel Proust

Aquí, aquí, venid ahora, invertidos lascivos,
afirmad los pies, dad la carrera, volad los pies,
las piernas prontas, las nalgas ágiles y las manos atrevidas
jóvenes, viejos, a las delicias, con mano desatada.

Petronio

“La impudicia en el hombre libre es crimen; en el esclavo obligación; en el liberto oficio.”

Harterius

“El paso de la puericia a la adolescencia fue el objetivo erótico de los antiguos. Los muchachos de catorce a diecisiete años, antes del bozo o apenas naciente, eran buscados y amados con ardor”.

Francisco de la Maza

Como Platón, salvará al alma y despreciará al cuerpo, pero ¡con cuánta angustia y sutileza inútil tratará de explicar este deseo imperativo de la posesión de un cuerpo adolescente! Dice: “El amor es engendrado en el apetito sensitivo por una forma corporal que se presenta ante los ojos”, y a pesar de que esta forma se imprime en la fantasía “sin materia”, es la imagen de un hombre en un lugar y de un tiempo determinado. Mas entra en funciones la inteligencia y aquella particular imagen de la fantasía deja de serlo para convertirse en otra que es “la razón universal y la definición del género humano”.

Marcili Ficin

“Quisiera una ciudad en la que me alcanzara el padre de un floreciente muchacho y me dijera con aire ofendido: ¿Conque has encontrado a mi hijo saliendo del gimnasio, bien bañado, y no lo has besado, no le has dicho nada, no lo has apretado contra ti ni le has acariciado su sexo, tú, un amigo de la familia?”

Aristofanes

Que se llegó a abusos tremendos nos lo muestra Aristóteles cuando critica a Platón de que prohíba, en La República, los actos sexuales entre hombres, pero permite el amor y la caricia. “No es menos extraño, cuando se establece la comunidad de los hijos, prohibir a los amantes sólo el contacto carnal y no el amor mismo y todas esas familiaridades entre el padre y el hijo y el hermano y el hermano, so pretexto de que estas caricias no traspasen los límites del amor, y no es también menos extraño prohibir el contacto sexual sólo por el temor de que se haga el placer demasiado vivo, sin dar la menor importancia a que tenga lugar entre un padre y un hijo, o entre hermanos.” (La Política, Lib. II, cap. I).

Aristóteles

Existió un limpio amor como el de Héctor y Andrómaca junto a un adúltero, pero admitido, de su hermano Alejandro y Helena. Hubo amor-amistad sin sexo y también con él. Hubo castidad, hubo virginidad, como también depravación o enfermedad mental amorosa. De Platón a Alcibíades hay un abismo, como de Marco Aurelio a Heliogábalo. Todo lo preside una admirable sinceridad que sólo a los puritanos puede parecer cinismo. Pero el mundo de los puritanos no es la realidad, como tampoco es la realidad el mundo de los perversos. Todo se ha dado y se da en este mundo a pesar de la religión, de la moral y de la ley. Siguen existiendo Platón, Alcibiades y Heliogábalo, tanto como Lucrecia, Alcestes o Hipatia. Cristo trató a prostitutas y perdonó a una adúltera, pero nunca habló del sexo. Las anormalidades sexuales, múltiples, y que forman un serio porcentaje humano, fueron admitidas en toda la antigüedad. Sólo el judaísmo y el cristianismo las atacaron”.

Francisco de la Maza

“La pederastia era una práctica ampliamente aceptada en el mundo griego desde fecha muy temprana, y ni a la práctica ni a la ética griegas les habría parecido absurdo e improbable la coexistencia de una relación erótica entre los héroes y sus proezas con el sexo opuesto”.

Francisco de la Maza

Achille, che per amore al fine combatteo…

Este verso, lleno de sentido, nos hace penetrar hondamente en La Ilíada; la cólera de Aquiles contra Agamenón, que le hace retirarse al principio del combate; el amor de Aquiles por Patroclo, que le vuelve a llevar al campo de batalla, son los dos polos por los cuales pasa el eje de La Ilíada.” (The Greek Poets, London, 1872, vol. II, p. 80).

John A. Symonds

“Sé generoso, ámame como yo te amo y así, cuando tengas una barba viril, seremos dignos de Aquiles.”

Teócrito

“Jamás la pederastia se vio como falta de virilidad”.

Finley

“La amistad verdadera es la de “benevolencia mutua desinteresada”. Esta amistad es necesaria — “es lo más necesario que hay en la vida”—, es perdurable, es noble, es hermosa”.

Werner Jaeger

“Los jóvenes son amorosos y el amor está inspirado en la pasión y persigue el placer; por eso tan pronto aman como dejan de amar, cambiando a veces en un mismo día”.

Aristóteles

“la amistad de los jóvenes parece tener por causa el placer; persiguen todo lo que les es agradable”.

Aristóteles

Es este mal de amor mal atractivo
y buena imagen de él es lo que pasa
cuando hiela con cielo despejado,
y desprenden los niños un carámbano.
Retocarlo al principio les encanta,
mas luego, cuando empieza a derretirse,
ni él se deja tener, ni ellos ya quieren
tenerlo por más tiempo. De igual modo
a los amantes el amor constriñe
tanto a seguir como a  dejar su  empeño.

Sófocles

“El amante y el amado no se complacen en lo mismo (en interés o agrado), sino el primero en ver al otro y el segundo en las atenciones del amante y, al acabarse la juventud, se acaba también, a veces, la amistad, porque al uno ya no le resulta agradable ver al otro y el otro ya no recibe atenciones, pero muchos siguen siendo amigos cuando, a consecuencia del trato, se han encariñado el uno del otro por tener caracteres semejantes.”

Aristóteles

“No es posible estar enamorado de muchos a la vez, ya que este sentimiento parece excesivo y, en tales condiciones, es natural que tenga por objeto a una sola persona.”

Aristóteles

“En la amistad amorosa —dice más adelante— el amante protesta a veces de que, amando él en exceso, no es correspondido y, otras veces, el amado se queja con frecuencia de que el amante, que antes se lo prometía todo, ahora no se lo cumple.”

Aristóteles

“No has tenido compasión del esplendor de tus miembros, ¡cruel!, a pesar de nuestros incontables besos.”

Aquiles

“Aquiles no amaba a Patroclo por el único placer de mirarlo, sino por la voluptuosidad que los unía.”

Esquilo

Crecía Aquiles en belleza y sabiduría cuando encontró un compañero, el compañero amado de su vida: Patroclo. Era éste de la Lérida, al norte del Ática.

Francisco de la Maza

“Aquiles te aventaja por su abolengo, pero tú le superas en edad; él es más fuerte, pero tú puedes aconsejarlo”.

Menetis, padre de Patroclo

“Argos, por ejemplo, la noche de bodas la novia se acostara con su esposo provista de una gran barba postiza; o de que en la isla de Cos fuera al contrario: el varón se vestía de mujer en la noche del himeneo”.

Francisco de la Maza

“No te olvides, Aquiles, de juntar tus huesos con los míos; ya que juntos nos hemos criado en tu palacio, así también una misma urna, la ánfora de oro que te dio tu venerada madre, guarde nuestras cenizas”.

Homero

“Patroclo, el fiel amigo amado sobre todos los amigos, tanto como a mi propia cabeza, ha muerto.”

Aquiles

Ante la  muerte de Patroclo; a Aquiles “Una negra nube de pesar lo envolvió; cogió ceniza con ambas manos; la derramó sobre su cabeza y afeó su gracioso rostro; después se tendió en el polvo y con las manos se arrancaba los cabellos.” Tanto era el dolor, que Antíloco, llorando a su vez, “le tenía de las manos por el temor de que se cortase la garganta con el hierro”. Luego Aquiles dio un “horrendo gemido, que llegó hasta el fondo del océano e hizo llorar a su madre Tetis y a todas las nereidas”. Tetis surgió del mar, se acercó al héroe y acariciándole la cabeza le preguntó el motivo de su llanto. Aquiles, entre sollozos, exclamó: “Patroclo, el fiel amigo amado sobre todos los amigos, tanto como a mi propia cabeza, ha muerto.” Y añade: “Muera yo, ya que no pude socorrer al amigo cuando lo mataron; ha perecido lejos de su país y sin tenerme a su lado para que lo librara de la desgracia…”

Aquiles

“Ruego a mis compañeros —dice—, si aún me quieren obedecer, que no me inviten a saciar el deseo de comer o de beber, porque un grave dolor se ha apoderado de mí; aguardaré hasta la puesta del sol y soportaré la fatiga… y acordándose de Patroclo, lloraba…”

Homero

Sueño de Aquiles. La sombra de Patroclo aparece: “¿Duermes, Aquiles, y me olvidas? Te cuidabas de mí mientras vivía y ahora que he muerto me abandonas…”

Patroclo-Aquiles

“Y Aquiles, separándose de la pira, se cortó la rubia cabellera que conservaba espléndida para ofrecerla al río Esperquio… púsola en las manos del compañero amado y a todos excitó el deseo de llorar…”

Aquiles

“Durante toda la noche los dos vientos, el Bóreas y el Céfiro, soplando con agudos silbidos, agitaron la llama de la pira; durante toda la noche el veloz Aquiles, sacando vino de una cratera de oro, con una copa de doble asa, lo vertió y regó la tierra e invocó el alma de Patroclo; y como solloza un padre, quemando los huesos del hijo recién casado, de igual modo sollozaba Aquiles al quemar los huesos del amigo y arrastrándose en torno de la hoguera gemía sin cesar.”

Homero

“Aquiles lloraba acordándose de su amado compañero, sin que el sueño que todo lo rinde pudiera vencerlo… al recordarlo prorrumpía en abundantes lágrimas y vagaba inquieto por la orilla del mar.”

Homero

“En otro tiempo tú, Patroclo, el más amado de los compañeros, me servías en esta tienda la comida deliciosa y ahora yaces, atravesado por el bronce, y yo estoy ayuno de comida y de bebida, pero no me hace falta por la soledad que de ti siento. Nada peor me puede ocurrir, ni que supiera que ha muerto mi padre, ni que falleciera mi hijo amado que se cría en Esciros…”

Homero

Se ha vuelto imperativo que por fin corte el «equilibrio», el «control», y deje salir lo que ha sido secreto y furtivo en mí por tanto tiempo. La vergüenza es el mayor enemigo; el sentido de estar enfermo, de vivir una vida insana, es otro —el obstáculo social, el individual. Lo he razonado, esta vez con mi mente; hasta hora, lo que ha pasado es un proceso instintivo de autoprotección, con mi mente siendo la criada de mi cobardía— desarrollándose con métodos más o menos exitosos de evitar el tema. Ahora, acepto lo que soy; consciente de todo lo que involucra… Desde este punto de vista, es absurdo declarar que no hay pecados; hay definitivamente pecados cardenales: pecados contra uno, contra la ley de uno. Mi pecado es, ha sido, la vanidad de este tipo, la voluntad de corromper mi naturaleza.

Marc Blitzstein, dramaturgo

A García Lorca, cuando entraba al Casino de Madrid:

-Todos los poetas sois maricones.
-¡Oiga, oiga! ¿A quién está llamando usted poeta?


Los sonetos de Shakespeare, las obras de Miguel Ángel o de Leonardo, lo que de más sublime tiene del arte de Occidente no se puede entender ni disfrutar si no se reconoce primero que es el fruto del amor entre varones; por eso siento que se odia al arte cuando se finge alabarlo al mismo tiempo que se vilipendia ese amor sublime.

Federico García Lorca

No quiero ser clasificado como marica o como heterosexual. Las clasificaciones son  autolimitantes. Somos lo que hacemos, no lo que decimos que somos.

Montgomery Clift

Los homosexuales y los judíos son las dos minorías creativas sobresalientes en la cultura moderna actual. Creativos en el verdadero sentido: son los creadores de sensibilidades.

Susan Sontag

Qué cara tan hermosa tiene. Pero si se desnudara te olvidarías inmediatamente de su cara. Él es hermoso en todo el sentido de la palabra.

Platón

¿Ves a ese hombre, Deciano, tan despeinado, de cuyo fruncido ceño hasta tú tienes miedo, y que sigue hablando de Curii y de otros campeones en el Camilii? No le prestes atención a las apariencias. Ayer se casó- Con un hombre.

Marcial, poeta español que vivió en Roma durante el siglo I

¿Quién es modesto ante los hombres apuestos?

Hilario el Inglés, siglo XII


Si alguien no quiere vivir como sodomita, mejor que se vaya de Chartres, al menos que quiera ser transformado de hombre a mujer.

Poema anónimo de la Edad Media

Pues si cada uno de nuestros afectos enfada al cielo, ¿para qué entonces habrá creado Dios la tierra?


Miguel Ángel


Como yo, un día mi amor se hallará
Vencido por la ruin mano del Tiempo
Que resecas sus venas dejará
Y en su frente arrugas; un día el fresco
Sol suyo escalará la noche abrupta
De la vejez y hallará disipadas,
O disipándose, las gracias suyas
Que con el tesoro de su abril se alzan.
Para tal momento desde hoy me arrecio
Contra el cuchillo impío de los días
Dañosos que no hurtarán del recuerdo
Cuán bello es mi amor, aunque sí su vida.
De su hermosura darán fe estos versos
Que vivirán aún verdes, y él en ellos.

William Shakespeare, Soneto LXIII

Si es pecado amar a un chico encantador,
entonces peco yo.

Richard Barnfield (1574-1627)

Él (Alfred Douglas) me entiende a mí y a mi arte, y ama a ambos. Espero nunca separarme de él.

Oscar Wilde

Esto me trae a tu trágico final. El asesinato de Bob por parte de Jim. Dramática y sicológicamente, lo encuentro completamente factible. Podría haber pasado, y le brinda un climax al relato. Lo que sí cuestiono es la moraleja que recibirá el lector: Esto es lo que la homosexualidad aporta –dirá-: tragedia, derrota y muerte. A lo mejor somos demasiado duros con esta gente, a lo mejor no debemos encerrarlos en prisiones, ¿pero no debieran ser encerrados en clínicas? Tanto sufrimiento es una amenaza para la sociedad. De hecho, es muy cierto que muchos homosexuales no son felices, y no solo por las presiones sociales con las que viven. Es muy cierto que muchas veces son infieles, inestables y poco fiables. Son vanos y predatorios, y charlatanes. Pero hay otra cara de la moneda que tú (y Proust) no enseñáis. Las relaciones homosexuales pueden ser, y frecuentemente son, felices. Los hombres viven juntos durante años y comparten sus vidas y trabajo igual que los heterosexuales. Esta verdad es molesta y sorprendente hasta para la «gente liberal» porque atraviesa su noción romántica, trágica del destino del homosexual.

Seguro que bajo el establecimiento moral actual, una relación homosexual es más difícil de mantener que una heterosexual (de igual manera, una relación de amor libre es más difícil de mantener que un matrimonio), ¿pero no se convierte eso sencillamente en un desafío, y por lo tanto, en cierto sentido, más humanamente meritorio? El éxito de dicha relación es revolucionario en el mejor sentido de la palabra. Y como demuestra el poder del afecto humano sobre el miedo y el prejuicio y los tabúes, verdaderamente beneficia a la sociedad entera –y son como todas las demostraciones de fe y valor deben ser: Levantan nuestra moral colectiva.


Christopher Isherwood a Gore Vidal, tras leerse La ciudad y el pilar

1617. Mosén Juan García Ferrer, presbítero, fraile expulso de la Orden de San Agustín, que llevaba el hábito de San Juan, maestro de niños en Bétera, de 52 años. Confiesa varios actos consumados. Votado en discordia a relajar o a galeras. La Suprema: 10 años de galeras y degradación….¿influencias???

1621. Jaime Villanova, de Alboraya, 19 años. Se presenta espontáneamente en el Santo Oficio porque el cura del pueblo no le quiere absolver si no confiesa sus pecados al inquisidor. Ha sido pasivo tres veces con un mozo de su misma edad. Pero el cómplice le acusa en su proceso de haber sido activo otras tres veces. Lo niega. El libro de su parroquia indica que no tiene 19 años sino 20. Votado a relajar. La Suprema lo anula y da 8 años de galeras.

Mismo año. (1621) Vicente Boix, cómplice del anterior. dice que tiene quince años, pero consta por el registro de bautizo que tiene 20. Confiesa un acto consumado, como ‘agente’ y tres como ‘paciente’. Votado a relajar. La Suprema: 8 años de galeras.

1651 Carlos Charmarinero, siciliano, de 28 años. Se le prueban muchos actos consumados con diferentes parejas. Votado a relajar. La Suprema: 10 años de galeras, 200 azotes y que no aparezca en el auto.

1651 Luis Ramón, polvorista, natural de Chelva, residente en Valencia, de 20 años. Es uno de los cómplices de Carlos Charmarinero. Confiesa además muchos actos siendo siempre pasivo, desde que tiene 12 años. Votado a 6 años de galeras, 200 azotes y 4 años de destierro después de haber cumplido la pena de galeras. La Suprema: 5 años de galeras y 100 azotes solamente.

Algunos casos de sodomía ante el Tribunal de Valencia en el siglo XVII

Declararse homosexual y lanzarse a defender la dignidad de quienes lo son es un acto de valor poco frecuente y muy peligroso en este país. El señor firma con su nombre verdadero, podría perder el trabajo, ser golpeado a media calle, recibir por lo menos el rechazo de quienes lo rodean, y no se calla. Es valiente y revolucionario. Mucho más que quienes se las dan de muy machos y andan de serviles, de mudos, agrediendo a los débiles y caravaneando a los poderosos.

Juan Jacobo Hernández. OVACIONES (México) Martes 6 de Junio de 1978

“Ardo como arde el campo fértil abrasado de trigos, mientras el indómito Euro excita las llamas…”

Safo

“Ya no deseo a las doncellas de Pirva ni a todas las demás doncellas de Lesbos… desdeño a Anactoria, a la blanca Cidro; ya mis ojos no se deleitan ante Atis ni ante otras ciento a quienes, no sin culpa, he amado…”

Safo

“En ti está la belleza… belleza fatal a mis ojos…”

Safo

“La belleza juvenil de Faón es la que muchas mujeres tuvieron, pues Faón estaba en la edad del primer bozo, esa edad cautivadora de la cual, sin espantarse Ovidio, y de su cosecha, imagina que Venus y Apolo, y aun el propio Marte, podían enamorarse”.

Francisco de la Maza

“Si la cruel naturaleza me negó la hermosura, suplo esa falta con mi genio.”… “Soy pequeña, pero poseo un nombre que llena la tierra…” “La grandeza de mi nombre: esa es mi estatura.”

Safo

“Muy rica era la languidez de tu cuerpo cansado…”.

Ovidio

“Lesbianas, me habéis hecho infame por haberos amado.”

Safo

: “Te amaba, Atis, hace ya mucho tiempo, cuando mi adolescencia estaba en flor y tú sólo eras una torpe niñita.”

Safo

“A un dios se asemeja aquel que, junto a ti, puede oír
tu dulce voz…

A mí tu risa adorable deslíe mi corazón dentro del pecho y,
cuando te veo, no soy capaz de articular palabra…

Mi lengua se enerva y por mi piel resbala fuego…

Mis ojos se quedan fijos y mis oídos resuenan.

Mi cuerpo se cubre de sudor helado y un temblor lo sacude…

Quedo pálida como la hierba seca y, ya sin fuerzas, siento
morir…

Mas es preciso atreverse a todo…”

Safo

“El amor sacude mi corazón como el huracán que cae sobre los robles de la montaña.”

Safo

“Me quedé helado más que la nieve; cayó de mi frente el sudor como el rocío después de la lluvia; no podía hablar, ni siquiera murmurar, como hacen los niños que sueñan con su madre; mi sangre estaba coagulada y mi hermoso cuerpo era como de mármol.”

Teòcrito

“Las lágrimas huyen de mis ojos y de mi boca la lengua; frío helado oprimió mi pecho…”

Ovidio

“Es la emoción que acompaña al amor hasta el éxtasis.”

Plutarco

“Cuando te miro me parece que jamás Hermione, la hija de Helena, fue digna de ti. ¡Apenas a Helena es a quien hay que compararte! Y recuerda bien esto: que por esa razón ofrezco a tu belleza el sacrificio de todos mis pensamientos y que te adoro con todos mis sentidos.”

Safo

“¡Amor, que quiebras los miembros, de nuevo te apoderas de mi, monstruo dulce y amargo a la vez, invencible! Atis, mi recuerdo se te ha vuelto odioso; vuelas en pos de Andrómeda.”

Safo

“Languidecía privada de ti y ahora que vuelves has inflamado mi corazón y lo has hecho arder con tu amor; bendita seas, tres veces bendita, por todo el tiempo…”

Emperador Juliano

“Hay en mí dos espíritus…”

Safo

“Dos almas existen, ¡ay!, en mi pecho…”

Goethe

“Anacreonte, se enamoraba de todos los mancebos y a todos hacía versos, por lo cual sus poemas están llenos de los rizos de Smerdis, de los ojos de Cleóbulo, de la juventud de Batilio”.

Máximo de Tiro

“Te amo y no te amo; por ti deliro y no deliro…”

Anacreonte

“Duermes, Anacreonte, entre los muertos; duerme tu lira, duerme también Smerdis, esa primavera del amor por el cual tú derramaste en tu laúd un néctar de armonía, porque tú has sido el objeto del amor de los jóvenes; sobre ti dirigía su arco y sus flechas.”

Antipater de Sidón

“Esta es la tumba de Anacreonte; aquí duerme el cisne de Teos, amante apasionado de los hermosos mancebos; su lira no dejó de resonar por Batilio con ternura; no, el frío del Hades no ha extinguido tus amores; en el borde del Aqueronte tú estás aún lleno de los ardores de Cipres.”

Antipater de Sidón

“¡Oh, tú, que te consumiste de amor por el tracio Smerdis hasta la médula de tus huesos!”

Dioscorides

“Salón se dio a los placeres con serena audacia, cantando abiertamente, el primero en Atenas, el amor dórico”.

Martinazzoli

“Salón no se dominaba en punto a inclinación desordenada, ni era fuerte para contrarrestar el amor, como puede colegirse de sus poemas y de la ley que hizo prohibiendo a los esclavos de requerir de amores a los muchachos, pues parece que puso esta inclinación entre las honestas y loables y, con repeler de ella a los indignos, convidaba a los que no tenía por tales”.

Plutarco

“Solón estuvo enamorado de su sobrino Pisistrato, que “era de buen cuerpo y gran belleza”.

Plutarco

Pisistrato nació cuando Solón tenía más de treinta años, así es que ese amor hay que suponerlo a los quince de Pisistrato y a los cincuenta de Solón. ¿Fue esta relación una filia o una eromanía?

Plutarco

Al llegar a la edad debida, Solón se desposó como todo buen griego y se admiraba de que el sabio Tales de Mileto no se hubiese casado.

Francisco de la Maza

Solón hizo cambios legales de importancia. Sancionó la pederastia para los hombres libres y la prohibió a los esclavos y, por otra parte, reglamentó la prostitución femenina; le quitó su carácter torpe o irregular y llamó a los prostíbulos “casas de recreo”.

Francisco de la Maza

El griego se manejó, como hemos visto y más veremos, en forma bisexual, por lo que Solón quiso preverlo todo con ese realismo que caracterizó casi siempre al pensamiento griego.

Francisco de la Maza

“Feliz aquel que tiene bellos hijos, caballos de carrera, perros de caza y un huésped extranjero permanente.”

Solón

“Enamorado de la florida juventud de lo amables efebos y deseando la fragancia de sus muslos y la dulzura de sus labios.”

Solón

“tus labios, rojos como pétalos de rosa, están hechos lo mismo para la embriaguez de la música y el canto, que para la embriaguez de los besos…”

Oscar Wilde

“Eres el ser divino que deseo, el ser de genio y de belleza…”

Oscar Wilde

“Las obras en que ahora me complazco son las de Afrodita, Dionisios y las Musas que forman de los hombres las delicias.”

Solón

“¡Oh tú, el más bello y deseable de todos los mancebos!”

Teognis

“Cirnos, que estos versos que te dedico lleven un sello: que nadie los podrá plagiar sin traicionarlos y cada quien dirá: son los versos de Teognis, conocido de todos.”

Teognis

“Lo que es bello es digno de ser amado”

Teognis

“No podré complacer a todos; el mismo Zeus no place a todos los hombres.”

Teognis

“Si tú y yo, Academos, hacemos un concurso de canto y por premio nos dan un bello muchacho en la flor de la edad, yo sabré triunfar de ti.”

Teognis

“Mancebo, detén tus impulsos; yo hablaré a tu corazón un lenguaje que te convenza y te plazca. Escucha mis palabras; nada te forzará a hacer aquello que contradiga tus deseos.”

Teognis

“No tiene alegría quien no ama a los adolescentes, a los caballos de sólidos cascos y a los perros.”

Teognis

“Tu presencia es hermosa pero sobre tu cabeza hay una corona de locuras… es el fruto que has recibido de tu trato con otros hombres.”

Teognis

“Me has pagado con ingratitudes mis beneficios… nada bueno he recibido de ti a pesar de que he sido para ti tan solícito… no te merezco ni una mirada…”

Teognis

“Los muchachos y los caballos se parecen: cuando muere el caballero, no irá a llorarlo, sino que llevará en su grupa al que le suceda; así los muchachos: se van con el enamorado del momento.”

Teognis

“Joven, mientras tengas tersas tus mejillas, no cesaría de acariciarte, aun cuando hubiese de morir por ello.”

Teognis

“Feliz el enamorado que después del gimnasio, al retornar a su casa, duerme junto a un hermoso muchacho.”

Teognis

“Joven, todos los mancebos piensan en tu belleza.”

Teognis

“Sócrates tuvo que luchar a brazo partido contra su fealdad y sólo gracias a su sabiduría y a sus virtudes fue admirado no sin cierto menosprecio por su faunesca figura”.

Francisco de la Maza

“Todos sabemos que el amor está, principalmente, en la juventud y que ésta pasa y se acaba, y sin embargo no por eso vamos a despreciar la juventud y la belleza que está a nuestro alcance”.

Jenofonte

“Fedon a Cebes: Recostado en el pasado de mi raza como sobre una tierra fecunda, estaba revestido de mi riqueza como de una cubierta de oro; los astros daban vueltas como los faros; las flores se hacían frutos, la basura se hacía flor… mis cabellos flotaban; mis cejas cubrían mis ojos jamás prisioneros de mis párpados; mi sangre corría en mil meandros como esos ríos subterráneos que parecen negros a los ojos nocturnos de las sombras… mi sexo se estremecía como un pájaro en busca de un nido en la espesura… ebrio de vida, ansioso de esperanza, para no caer me arrimaba a los finos hombros de mis compañeros de juego que pasaban por casualidad; caíamos juntos y a esta unión le llamábamos amor. Mis débiles bien-amados no eran para mí sino blancos que yo me debía tocar a mi corazón… y los más bellos, Cebes, no eran sino el precio o el botín de la victoria, la dulce copa ofrecida donde verter toda su vida…”

Marguerite Yourcenar

“El amor es una apetencia”

Platón

“Platón —enamorado en su juventud, asceta en su madurez— ha sido el que mejor ha descrito el amor, el amor homoerótico, pues no conoce otro en el mundo humano, pero siempre con el peligro de toda generalización. Por ejemplo, conoce muy bien el tipo de amor-tirano, que puede ser, como todos, bien o mal llevado, pero él sólo ve la parte negativa. “El enamorado —dice— desea que el amado sea inferior, para dominarlo.” Se le olvida su contrario, el amor-vasallo. “El enamorado —continúa— verá con impaciencia a uno que le sea superior o igual… el enamorado desea que el amado se enferme —levemente— para atenderlo; que sea pobre, para ayudarlo; que sea esquivo, para corregirlo; que cometa errores,  para salvarlo.” Esta  es, justamente, la pederastia griega: amar al menor para hacerlo mayor. Prosigue: “El enamorado quisiera que el amado fuese huérfano, pues los padres o parientes son estorbos de su deleitosísima convivencia… lo quiere sin matrimonio, sin hijos, sin casa… El enamorado es celoso y trata de apartar al amado de los demás, muchos de los cuales podrían ayudarlo; lo apartará de la filosofía, pues ésta le enseñaría que es mejor desear el bien y no el placer.”

Francisco de la Maza

“Platón parte de un prejuicio: el Bien es enemigo del Placer. El bien es adquirido y el placer innato, y Platón quiere sostener a toda costa ese sentido cultural de la existencia que se opone al natural. Platón es no sólo asceta, sino aristocrático hasta en lo cotidiano, en una racionalización del más mínimo acto. Un verdadero platónico es un muñeco de razón, un ser no humano de pura mente, sin emoción, sin sensibilidad. El hombre instintivo es el animal; sólo el hombre racional —no emocional— es el verdadero hombre. Platón odia lo natural, odia al sexo. Sólo quiere el hombre-idea, que es un “poseído de Dios”, y eso será después la mística cristiana”.

Francisco de la Maza

“El enamorado no suelta al amado ni de día ni de noche y entonces el amado se siente empujado, constreñido, conducido, por haberse dado en delicioso pasto a ojos, oídos y tacto a quien sólo quiere sentirlo así, y queda el amado sujeto al amante, por lo cual el amante tiene que darle todos sus gustos para hacerle llevadera la presencia de quien no está en la flor de la edad y que le pide de continuo la caricia.”

Platón

“Por lo tanto, si hay alguien en quien coincidan una alma bella con un cuerpo bello y que armonicen con la música, ¿no será éste el más hermoso espectáculo para quien pueda contemplarlo?”

Sócrates

“El amor al cuerpo, a la juventud, a la belleza, hacía olvidar a Glaucón los defectos espirituales de su amado”.

Francisco de la Maza

“Lysias supone un hermoso joven solicitado no por un hombre enamorado, sino, y esto es lo sorprendente, por un hombre sin amor, y sostiene que debe conceder sus amores más bien al que no ama que al que ama.”

Azcarate

“Los amantes apasionados, después de gozado el placer, comienzan a ver lo que ha dañado sus negocios, lo que han gastado, lo que han sufrido y “las querellas que han suscitado en el interior de las familias”.

Francisco de la Maza

“si temes la opinión pública, si temes tenerte que avergonzar de tus relaciones, recuerda que lo más natural es que un amante, por vanidad, sea indiscreto y tenga por gloria publicar por todas partes que no ha perdido su tiempo contigo”. En cambio, el casto enamorado “preferirá la seguridad de su amistad al placer de alabarse de ella”.

Platón

“Los negocios de los amantes andan en muchas lenguas y muchos ojos han visto acompañar a los amados y tomar sobre sí tal faena de modo que, cuando ven a amantes y a amados en conversación, interpretan tales compañías por querencia cumplida o en urgencias de cumplirse”.

García Bacca

“Los que no están enamorados pueden vivir con la mayor familiaridad sin que jamás induzcan a sospecha, porque se sabe que son lícitas estas asociaciones, formadas amistosamente por la necesidad, para encontrar alguna distracción”.

Platón

“Al amante cualquier cosa le enoja y cree que lo que se hace es para perjudicarle, así es que trata de impedir al amado toda relación con los demás; teme verse postergado por las riquezas de uno, por los talentos de otro, y siempre está en guardia contra el ascendiente de todos aquellos que tienen sobre él alguna ventaja.”

Francisco de la Maza

“La mayor parte de los amantes se enamoran de la belleza del cuerpo antes de conocer la disposición del alma y de haber experimentado el carácter, y así no puede asegurarse si su amistad puede sobrevivir a la satisfacción de sus deseos.”

García Bacca

“A la mayoría de los amantes acomete corporal querencia antes de conocer la índole de su amado, de modo que no está claro si, apaciguada la querencia, querrán todavía ser amigos.” Más claro no puede ser”.

García Bacca

“Érase un hermoso adolescente que contaba con gran número de enamorados. Uno de ellos, más astuto, pero no menos enamorado, le dio a entender que no le amaba y trató de convencerlo de que, por eso, le concediese su juventud en flor.”

Sócrates

“No hay guía más malo, ni compañero más funesto, que un hombre enamorado.”

Platón

“Platón parte del efebo para toda posibilidad estética y amorosa, no necesariamente sexual, cosa que hasta llega a repudiar pero aceptándola como una realidad y comprendiéndola”.

Francisco de la Maza

“Platón amó mucho a un joven llamado “Estrella” y a Dion”.

Aristipo

“Cielo quisiera ser, Estrella mío,
cuando los astros miras,
para poderte mirar con muchos ojos.”

Platón

¿Qué amor es este, pues, Dion amigo,
con que mi mente perturbada tienes?

Platón

Cuando Agatón besaba
entre mis labios mi alma se miraba
y allí desfallecida

del cuerpo se mostraba despedida.

Platón

Te arrojo una manzana; si me quieres
recíbela, Agatón,  y comunica
conmigo tu gallarda gentileza…

Platón

…corresponde
a mi querer, Jantipa,  pues  entrambos
nos vamos consumiendo poco a poco.”

Platón

“Considera, joven, todas las contrariedades de la modestia y de qué placeres te privará: de los muchachos, de las mujeres, de los juegos…”

Aristòfanes

En Las Aves, cuando dos atenienses decepcionados huyen de su ciudad para encontrar una que fuese perfecta, uno de ellos, Pistetero, le pide al personaje disfrazado de Abubilla que le enseñe “una ciudad en la cual, al verme el padre de un muchacho en sazón, me diga con aire ofendido: Muy bien, muy bien, ayer te encontraste a mi hijo que volvía del gimnasio, bien bañado y no lo besaste, no le dijiste nada, no lo atrajiste y no le acariciaste su sexo, tú, que eres amigo de mi familia.” Abubilla le contesta: “¡Ay, pobre hombre!, a cuántos males aspiras. Pero, en fin, existe una afortunada ciudad como la deseas en las costas del Mar Rojo.” (Las Aves, versos 139 a 145). El traductor francés comenta a esto último: “Es decir, una ciudad utópica, como si dijéramos El Dorado.”

Aristòfanes

“¡Cuántos lindos muchachos, que habrán abjurado del amor, gracias a nuestro poder, fueron poseídos por sus enamorados al declinar su edad en flor vencidos por el regalo de una codorniz, de un porfirion, de un ánade o de un gallo!”

Aristòfanes

“¿De dónde sales, hombre-mujer? ¿Cuál es tu patria y cuál es tu traje?” A lo que responde con dignidad Agatón: “Anciano, anciano, he oído el silbar de la envidia sin sentir el dolor de sus mordeduras; llevo un traje en consonancia con mis pensamientos, pues un poeta debe tener costumbres análogas a los dramas que compone.”

Aristòfanes

“Yo soy muy conocido, canoso y barbado; tú eres, en cambio, de bella figura, blanco, no usas barba, eres delicado y tienes voz de mujer”, y explica a Mnesíloco que él era como Agatón, “de joven, cuando comencé a escribir.”

Eurìpides

“El erotismo de la poesía bucólica clásica estuvo dirigido por igual a doncellas y mancebos. Fue elegante y fino y sólo por excepción inverecundo; muchas veces es dramático, otras puramente hedonista, pero siempre de alta calidad poética”.

Francisco de la Maza

“Pero no estaba así el mancebo menos hermoso y su cólera excitaba el deseo del enamorado.”

Teòcrito

“¡Has venido, amado joven, después de tres noches y tres auroras! ¡Has venido! Pero los que te desean envejecen en un día. Tanto como la primavera es más agradable que el invierno; tanto como la manzana es más dulce que la ciruela silvestre; tanto como la oveja lanuda aventaja al cordero y la virgen a la mujer casada por tres veces; tanto como el ciervo es más ligero que las terneras; tanto como el canto del ruiseñor es mejor que los de todas las aves, así me has regocijado tú con tu llegada y he acudido a ti, como un viajero bajo un sol ardiente busca una haya umbrosa.

¡Oh!, si los Eros nos acariciaran con un mismo soplo y los hombres futuros pudieran cantarnos así: ¿Quiénes fueron aquellos dos seres de otro tiempo, aquel a quien el amícleo llamara el amante y aquel a quien el tesaliano llamara el amado? ¡Se amaban con un amor igual y sin duda fue una edad de oro aquella en la cual quien era amado, amaba también!

¡Oh, si se realizara este anhelo, padre Zeus! ¡Oh dioses siempre jóvenes! ¡Si acaeciera que después de doscientas generaciones alguien me dijese a orillas del Aqueronte, de donde nadie vuelve: El amor que te unía a tu encantador amigo está en todas las bocas y los jóvenes, sobre todo, lo recuerdan! Mas sin duda los habitantes del Urano obrarán como quieran. Por mí, no temo que al alabar tu belleza se deforme mi nariz (En Sicilia, cuando menos, se creía que al mentiroso le sallan ámpulas en la nariz para delatarlo), y si a veces me causas alguna pena, me curas enseguida dándome un doble placer y estoy colmado de él cuando te dejo. ¡Oh megarenses, descendientes de Niso, sed dichosos porque tanto habéis honrado a vuestro huésped el ateniense Diocles que amaba a los donceles!”

Dante

“Tú no quieres amarme con todo tu corazón; ahora bien, la mitad de mi vida consiste en verte, la otra está perdida. Cuando quieres paso un día como los dioses; cuando no quieres estoy sumido en tinieblas. ¿Es justo esto? ¿Por qué entregas a la amargura a quien te ama?”

Teòcrito

“Eres vanidoso y aspiras a un hombre que está por encima de ti; debes amar a uno igual a ti. Si obras así, hablarán bien de ti en la ciudad y tu amor será correspondido.”

Teòcrito

“Por tu dulce boca te suplico te acuerdes de que ayer eras más joven que hoy y de que nos hacemos viejos en menos tiempo del que tardas en fruncir el entrecejo y de que la juventud no tiene retorno, pues carece de alas en los hombros y nuestra lentitud no puede alcanzar lo que vuela.”

Teòcrito

“Piensa en estas cosas —sigue el enamorado—; sé más amable y ámame a mí como yo te amo a ti.”

Teócrito

“Yo te amo, entrégate sinceramente.” Y prosigue: “Y así, cuando la barba cubra tus mejillas, seremos el uno para el otro como Aquiles y Patroclo.” O mejor, “amigos aquileanos”.

Teócrito

“Pero si todo esto lo das al viento y dices en tu corazón: ¡Insensato! ¿Por qué me aburres? Yo, que por ti iría ahora a buscar las manzanas de oro o a conquistar a Cerbero, el guardián de los muertos, entonces, sin sufrir ya de este amor, aun cuando tú me llamaras, no volvería a pisar el umbral de tu puerta.”

Teócrito

“El deseo de fidelidad, de permanencia, es raro y ajeno al pensamiento clásico respecto de los amoríos con adolescentes, sabidos y conocidos como pasajeros y que, sin embargo, producían pasiones trágicas, como se ha visto”.

Francisco de la Maza

“Los efebos en la antigüedad eran amados y cortejados por hombres y mujeres, siempre más por los hombres, ya que las mujeres en general y en todos los tiempos han preferido al varón sobre el adolescente”.

Francisco de la Maza

“El pastor Comatas disputa con su discípulo Lacón, que había sido su amante. Con toda crudeza y mal gusto le dice el primero: “Cuando te poseí te quejaste.” El joven Lacón le responde molesto: “¿No puedes ocultar esa fornicación, jorobado?”

Teócrito

¡Hasta las fieras se enamoraban de Adonis!

Teócrito

“Sólo los griegos sintieron esta cercanía ante los animales, como esos caballos de Homero que lloraban ante los héroes muertos”.

Francisco de la Maza

“Los delfines son voluptuosos y enamorados.”

Aulo Gelio

“Los delfines eran ardientes amadores que no amaban a los seres de su especie, sino a los muchachos hermosos que veían en las naves o en las playas, inflamados por ellos de una manera maravillosamente humana.”

Teofrasto

“Yo mismo he visto a un delfín enamorado de un muchacho que acudía al sonido de su voz y lo llevaba en su dorso replegando la punta de sus aletas para no herir el cuerpo del niño amado, y el niño, a caballo sobre él, prolongaba sus paseos hasta doscientos estadios dentro del mar… Un día el niño cayó enfermo y murió; el delfín, después de haber venido muchas veces a la playa acostumbrada sin encontrarlo, fue acometido de tal dolor, que murió también; habiéndolo encontrado sobre la arena algunas personas que conocían su amor, le llevaron junto al niño y le sepultaron en la misma tumba.”

Apión

1)   “El  bello  Adonis yace  en  la  montaña.   Su muslo blanco ha sido herido por un diente blanco y Cipris está abrumada de dolor. Apenas respira y corre la sangre negra por su muslo nevado y bajo sus cejas sus ojos se apagan; desaparece el color rosa de sus labios y en ellos muere también el beso al cual Cipris no quiere renunciar, porque el beso de aquel que ya casi no vive es dulce para Cipris todavía; pero moribundo, no siente ya cómo lo besa.”

2)   “Una cruel herida rasga el muslo de Adonis; pero Cipris tiene en el corazón una herida mayor. Afrodita vaga por los bosques desolada,  con los cabellos sueltos y los pies descalzos llamando al mancebo. Del muslo de Adonis se escapa la sangre que cubre su vientre y llega a su pecho, que eran antes de nieve y ahora son rojos.”

3)   “Ha perdido Cipris a su bello esposo. Cuando él vivía era mucha la belleza de Cipris, pero ahora ha muerto con Adonis. ¡Ay! Las montañas y los árboles dicen: ¡Ay, Adonis! Los ríos y los manantiales lloran a Adonis y las flores enrojecen de dolor. Cipris grita su dolor por las colinas y los valles.”

4)   “Cuando ella lo vio, cuando vio su herido muslo, dijo lamentándose y tendiendo sus brazos: No te vayas, Adonis, deja que te abrace, que una mis labios a tus labios; bésame, bésame, mientras tu beso esté vivo; corra tu aliento de tu alma a mi boca y a mi corazón. Beba yo tu amor y conservaré ese beso como si fueras tú mismo, Adonis…   Perséfone, recibe a mi esposo, porque eres más poderosa que yo y todo lo hermoso desciende hasta ti… lloro a Adonis que ya no existe… mi amor alza el vuelo como un sueño y estoy viuda y los Eros lloran ociosos en sus moradas. ¡Oh, imprudente! ¿Por qué fuiste de caza? Siendo tan hermoso, ¿por qué te atreviste a atacar a las fieras?”

5)   “La diosa de Pafos derrama tantas lágrimas como sangre ha derramado Adonis; en la tierra se convierten la sangre y las lágrimas en flores; la sangre da rosas, las lágrimas anémonas.

6)   “Ya se ha erigido el lecho. Adonis, muerto, está acostado en su lecho y, aunque muerto, está hermoso y como dormido. Pónle, Cipris, los blancos lienzos con los que dormía contigo las noches sagradas. Rodéalo de coronas y flores, cúbrelo de olorosos bálsamos…   El delicado Adonis está muerto y alrededor lloran los Eros y se cortan sus cabelleras y rompen sus flechas. Adonis ha muerto y todo ha muerto con Adonis.”

Bion

“Calimaco conoció el hambre tanto como las musas; fue enamorado como pudo serlo en una sociedad poco rigurosa y el amor a los bellos efebos y a las cortesanas conviven sin violencia en sus epigramas eróticos y hasta en un solo y el mismo texto”.

Émile Cahen

“El vino y el amor son mis maestros”

Calimaco

“Heracles no escuchaba los insultos, igual que las orejas de los jóvenes lascivos no oyen a los enamorados pobres.”

Anacreonte

“Calignotos juró a Ionis que no tenía ningún amigo o ninguna amiga a quien amara más que a ella, pero, como se dice, los juramentos de amor no llegan al oído de los dioses. Ahora se enardece por un hombre y la triste Ionis, como los megarenses, no tiene voz ni cuenta.”

Anacreonte

“Odio los grandes poemas “como los caminos donde pasan todos, como el agua que todos beben, como el que se entrega a todos los amantes.. . todo lo que es público me repugna. Lisanias, tú eres hermoso, muy hermoso, pero eres de todos como ciertamente dice el eco, poseído de todos.”

Anacreonte

“¡Cleónico de Tesalia, pobre de ti! Por el sol que brilla que no te he reconocido. ¡Desdichado! ¿Dónde andas? Ya no eres sino huesos y cabellos. ¿Es que te posee el mismo demonio que a mí? ¿Te has obstinado por ese mismo infortunio? Ya comprendo: ¡también el bello Euxiteos ha cautivado tu alma y ha entrado en tu corazón por ambos ojos!”

Calamaco

“¡Oh noche sagrada! ¡Y tú, lámpara! Vosotras habéis sido los únicos testigos de nuestros juramentos; él, de amarme siempre; yo, de jamás abandonarlo. Vosotras habéis recibido nuestras mutuas promesas. Pero ahora él dice que los juramentos de amor están escritos en el agua, y tú, ¡oh lámpara!, lo ves en brazos de otras mujeres.”

Meleagro

“Timarion, tus besos son de miel y tus ojos de fuego; si miras, incendias; si nos tocas, nos encadenas.”

Meleagro

“Ahora su corazón arde por un mancebo y la pobre muchacha no cuenta para nada, como los megarenses.”

Meleagro

“Timaria, tus besos son seductores y tus ojos de fuego. Si miras, incendias; si tocas, aprisionas.”

Meleagro

“¡Por Pan arcadiano! ¡Qué dulces melodías haces salir del arpa, Zenofilia! ¿Cómo huir de ti? El amor me asedia por todas partes y no me deja respirar. ¿Es tu belleza la que despierta mi deseo? ¿O tu canto? ¿O tu gracia? O… ¿qué diré? Es todo tu ser. Estoy ardiendo.”

Meleagro

“Ni los bucles de Timo, ni las sandalias de Heliodora, ni el perfumado vestíbulo de Demarión, ni la tierna sonrisa de Anticlea, con sus ojos lánguidos, ni la corona de frescas flores de Dorotea, son voladoras flechas que encierra tu carcaj, ¡oh Amor! Todas ellas ya se encuentran en mi corazón.”

Meleagro

“Afrodita inspira en los corazones el amor por las muchachas; el amor por los muchachos lo inspira Eros. ¿A quién me acojo? ¿A la madre o al hijo? La propia Afrodita me dice: Es el audaz niño el que vence.”

Meleagro

“Diódoro es alegre y jovial; Dion habla con dulzura; Heráclito tiene hermosísimos ojos y Uliades bellas caderas; tú, Filocles, tienes una mórbida piel delicada con la que miras, con la que hablas, con la que… todo lo demás; pero si se ve a Muisco con detenimiento, nada parecerá más hermoso.”

Meleagro

“Si el Amor en vez de alas llevase en su espalda una clámide, y en lugar del arco y las flechas un sombrero, yo juro por el propio bello Eros que Antíoco sería el Amor y el Amor sería Antíoco.”

Meleagro

“Eran los vientos propicios y Andragatón, la mitad de mi alma, dormía. ¡Oh tormento de amor! ¡Oh nave tres veces dichosa! ¡Olas tres veces felices! ¡Cuatro veces gozosos los vientos que guían al mancebo! Si fuese delfín, yo llevaría al hermoso niño a Rodas sobre mi espalda.”

Meleagro

“Si Zeus es todavía aquel que robó en la flor de su edad a Ganimedes para que le sirviese la ambrosía, debo ocultar al hermoso Muisco, no sea que mande su águila a robármelo.”

Meleagro

“Juro por la cabellera de Timo, de bellos y atrayentes rizos; por la perfumada piel de Demo que ahuyenta al sueño; por los amorosos juegos de Helias; juro por esta lámpara que siempre vigilante ha asistido a mis escenas de amor, que ya, Eros, me has dejado apenas un soplo en mis labios, pero si tú lo deseas, lo exhalaré.”

Meleagro

“El eco de Eros resuena sin cesar en mis oídos y su deseo en mis ojos los obliga a deshacerse en lágrimas silenciosas. Ni el día ni la noche aminoran mi pena y los filtros de amor han dejado en mi corazón una huella indeleble fácil de ver. ¡Oh alados amores! ¿No tenéis vuestras alas sino para dirigirlas a mí? ¿No podéis volar hacia otros?”

Meleagro

“Ya no escribiré: Hermoso Terón o Bello Apolodoto. Ese fuego ya se ha extinguido. Dejemos a los pastores, amantes de cabras, el fornicar con velludos muchachos.”

Meleagro

“El mórbido Diódoro, que enciende el ardor de los jóvenes, ha sido presa de los lascivos ojos de Timaria. Las flechas de Eros se cruzan. Veo un nuevo prodigio: un fuego que incita a otro fuego.”

Meleagro

“Era el verano y ardía de sed; besé a un lindo muchacho y la sed desapareció. Y me dije: Zeus bebe los ambrosiacos besos de Ganimedes; ese es su vino, pero yo, besando al bello Antíoco, he bebido la dulce miel de su alma.”

Meleagro

“Afrodita es mi guía; mi barca se dirige a Eros; el deseo leva las anclas y navego en el mar que creó la estirpe de los efebos.”

Meleagro

“Bello era Heráclito, bello era; mas ahora lleva un letrero en sus muslos velludos: Guerra. Toma ejemplo, Políxen, y no te confíes: Némesis está hasta en las piernas.”

Meleagro

“Bebe, amante infeliz; la llama en que ardes por los bellos efebos la apagará Dionisios. Bebe, llena una cratera de vino y arroja de tu corazón ese tormento.”

Meleagro

“Niega Afrodita haber concebido al Amor porque ha visto a otro dios del deseo: Antíoco. Jóvenes, amad a este nuevo Eros que, más que el antiguo, es poderoso este nuevo Amor.”

Meleagro

“La ciudad de Tiro crea bellos mancebos, pero a todos oscurece Muisco, como el sol a las estrellas.”

Meleagro

“Todo veo, si veo a Terón. Si no lo veo, no veo nada.”

Meleagro

“Sin pronunciar palabra, con sólo los ojos, dice Heráclito: ‘Puedo incendiar aun los fulgores de Zeus.’ Inmóvil, Diódoro lleva en su pecho escrito: ‘Con mi piel ardiente puedo licuar la roca.’ ¡Mísero del que pruebe el fuego de los ojos o del cuerpo de estos mancebos!”

Meleagro

“Ya brilla la aurora; Damis, insomne, solloza en la puerta. El pobre ha visto a Heráclito y el fuego de sus ojos se ha diluido como la cera sobre las brasas. ¡Despierta, mísero Damis! Yo también conozco el tormento del Amor y mezclo mis lágrimas con tus lágrimas.”

Meleagro

“Dejad, enamorados de muchachos, vuestra inútil labor, vuestro cuidado demencial, vuestra nula esperanza. Más fácil es contar las arenas del océano que arder por los efebos… Miradme, mi obra se ha vertido en áridas playas.”

Meleagro

“Dorcio, al que gustan los efebos, sabe tirar con tino su dardo a los muchachos de grácil figura; con sus ojos fulgurantes de deseo examina a sus compañeros mostrando sus desnudos muslos.”

Meleagro

“Eres bello hasta lo máximo ahora, Diódoro, maduro ya para los amantes, y aunque tomes mujer no te abandonaremos.”

Meleagro

“Si amo a los muchachos y con ellos convivo, ¿a quién mejor dirigirse que al enamorado de Ganímedes?”

Estratòn

“Amo a los muchachos de piel blanca, más si son rubios como la miel; me gustan también los de piel morena y los de ojos glaucos, pero amo sobre todos a los de ojos negros que miran centelleantes.”

Estratòn

“Me deleita un muchacho de doce años, más aún si llega a trece y los de catorce son las flores graciosas del Amor hasta los quince. Los de dieciséis son para los dioses y los de diecisiete para Zeus…”

Estratòn

“Prometeo, no eres vencedor por haber dado el fuego, sino por haber corrompido la simiente de Zeus (el hombre) cuando le añadiste a los muchachos una horrible barba y un vello que cubre sus piernas. La barba en el propio Zeus es dolor.”

Estratòn

“Resplandecía Teodis entre los demás muchachos, brillaba como el sol matutino entre las estrellas: ahora lo cubre oscuro vello, pero sigue siendo un sol.” “¿No eras ayer un niño? Ahora tienes barbas… Ayer eras Troilo, hoy Príamo.”

Estratòn

“¿Qué voluptuosidad puedes lograr, Heliodoro, si no das tus labios íntegros? Besas con los extremos de los labios y con la boca cerrada…”

Estratòn

“Inútilmente me besas ahora, porque el fuego se ha apagado; tengo un nuevo y dulce amigo; recuerda los besos que antes me negaste y piensa, Dafnis, que ya es tarde; llegó la hora de la venganza.”

Estratòn

“Me es suficiente el grato rostro de un efebo cualquiera; ya no miro… lo que se ha de pasar en silencio…”

Estratòn

“Envidio a los libros porque en ellos los mancebos, después de haberlos leído, oprimen su mentón y los tocan con sus finos labios; a veces están sobre sus pechos, dentro de la túnica; a veces se posan en sus muslos delicados; otras, en los bancos de la escuela reposando, pueden atreverse, sin miedo, a rozar a los mancebos.”

Estratòn

“No me interesa el amor de las mujeres; es el fuego de los mancebos lo que me atrae. Este calor es más fuerte, tanto como es más fuerte el hombre que la mujer.”

Estratòn

“Dos hermanos me aman y no sé a cuál elegir, porque amo a los dos. Uno me esquiva, me provoca el otro. Uno es bello en lo que da, el otro es bello en lo que niega.”

Estratòn

“No me agradan las trenzas ni los rizos, que son obra de artificio y no de la naturaleza; prefiero la palidez y el color que dan al joven atleta el polvo y el aceite. Me gusta mi amor sin adornos; la mujer es sólo bella gracias a Afrodita.”

Estratòn

“Ayer cenaba con el gimnasiarca Demetrio; en su pecho se recostaba un muchacho, otro sobre sus muslos, uno más le servía el plato, otro le servía el vino… Yo le pregunté en son de burla: Por la noche, ¿a cuántos ocupas?”

Estratòn

“No es el amor el deseo de poseer a quien ha recibido el don de la belleza; esto sólo prueba que se tienen ojos que saben ver. Pero que haya amor entre un rostro feo y por él se pierda la cabeza, esto sí que es fuego, esto sí que es amor.”

Estratòn

“Poseer a una mujer es lo más dulce del mundo y conveniente a una persona digna; pero si deseas a un hombre te daré un remedio que pondrá fin a tus gustos: voltea a Menofila, la de las bellas caderas, e imagínate que tienes en tus brazos, en persona, al varón Menofilo.”

Estratòn

“Llora, joven héroe, tu belleza, tus ideas, tu gran valor, tu sabiduría y tu alta inteligencia. Hombres como tú, Druso, pertenecen más al cielo que a la tierra.”

Diodoro

“No vuelvas, muchacho, cerca del hermoso Cleinos, hijo de Megistocles, ya que lo admiras tanto como a las pupilas de tus ojos. Y más cuando sale rutilante del baño de las Gracias, porque lejos de ser Cleinos prudente y sin malicia, atrapa los corazones y no es un primerizo en el amor. Ten cuidado, loco, de atizar la llama.”

Diodoro

“He jurado por tu poder, Afrodita, que pasaría dos noches en descanso, lejos de Hedilione; pero tú, conociendo mi debilidad, te has sonreído. No, no podré soportar su ausencia una segunda noche y lanzo al azar mi juramento. Prefiero ser perjuro que morir piadosamente, ¡oh diosa!, víctima de la fe jurada.”

Diodoro

“El bello Cornelio me alucina y me enardece; temo su luz, temo su fuego.” (Epigrama 117.) Hay que recordar que el nombre Cornelio deriva de la palabra “sol”, de allí el juego de palabras de “luz”, “enardecer” y “fuego”.

Diodoro

“El hermoso Cornelio ha cambiado mucho; nuestra vida, humilde y poética, ya no es de su agrado; prefiere orgullosas esperanzas y no tiene para nosotros el amor de antaño. Sí, desea otras cosas. Cedamos, alma mía, sin violencia. Estamos vencidos: el dinero triunfa.”

Diodoro

“Cayo, hoy, por vez primera, corta la dulce mies de tus mejillas y los tiernos retoños de tu mentón. Tu padre Lucio recibirá en sus manos este bozo tan deseado que después crecerá con los años. Algunos te regalan ricos presentes; yo sólo estos versos, pero recuerda que la poesía vale más que el oro.”

Apolonidas

“Los antiguos admiraron a Ciniras (rey de Chipre amado por Apolo) y a los dos príncipes frigios (Paris y Ganimedes); nosotros cantamos a tu belleza, ¡oh León!, hijo de Cercafo. En verdad Rodas es la más afortunada de las islas, pues en ella brilla semejante sol.”

Apolónidas

“Beoto era de una antigua familia”, pero que, siguiendo la sentencia de Mimnermo, “unía el amor por el vino con el amor a los muchachos”, cantando con “florido lenguaje y con fulgor homérico”

Alejandro Etolio

“Desiónico había cazado un mirlo en un verde plátano y lo estrechaba entre sus manos; el mirlo, espantado, piaba doliente, pero yo, ¡oh Eros!, yo, ¡oh Gracias!, si fuese el mirlo, ¡qué voces delirantes daría! ¡qué dulces lágrimas me correrían por las mejillas!”

Riano

“¡Oh Cleónico!, las Gracias te acariciaron con sus brazos de rosa y has sido hecho bello como ellas de la cabeza a los pies… Quédate lejos de mí, que no es conveniente que el seco asfodelo se aproxime al fuego.”

Riano

“Protógenes había salido de su patria, Cilicia, hacia Atenas, atravesando el mar, para “ver a los muchachos hermosos y revolotear sobre ellos”

Plutarco

“Porque el verdadero amor cuando se une a un alma joven, dotada de bellos pensamientos, terminaría en la virtud tras de empezar en la amistad, cosa que no ocurre con los deseos que nos arrastran hacia las mujeres que, incluso cuando triunfan de modo perfecto, no dejan sino una voluptuosidad momentánea.”

Protògenes

“El amor, declara Protógenes, es una ternura compartida que no desea sino recoger los frutos de la amistad y de la virtud.”

Protògenes

“El amor auténtico es el amor a los muchachos”, que no tiene “el deseo inflamado”.

Protògenes

“Si la unión con hombres es por fuerza y contra su voluntad, es un acto de violencia y latrocinio (sin duda Dafnis vuelve a recordar a Layo) y si es voluntariamente resulta que el usar a afeminados como si fuesen mujeres no tiene ni gracia ni belleza.”

Dafnis

¿Habrán olvidado Platón y Plutarco a su admirado Alcibíades y a la juventud ateniense y espartana?

Francisco de la Maza

“No deja Dafnis de recordar los versos de Solón citados por él mismo y ante lo cual tiene que salvarlo diciendo que los hizo cuando era joven y estaba, según otra plutarquiana frase de Platón, “rebosante de semen”, pero que cuando viejo cantó de otra manera y se dirigió a las Musas, a Baco y a Afrodita, y que, pasada “la tempestad del amor a los muchachos”, el matrimonio y el estudio lo calmaron. Pero era esto, justamente, como se ha visto, la realidad erótica juvenil; Plutarco ya está un poco lejos de Grecia y, por tanto, ignoraba la realidad romana (distinta en cuanto a la sutileza griega pero la misma de hecho) en la cual vivía”.

Dafnis

“El amor a los muchachos y a las muchachas es la misma cosa”

Dafnis

El dulce fruto roba cuando no hay custodio”.

Plutarco

“Parece bien que los esposos lleven entre sí diferencia de edades, ya sea él o ella, para que el mayor lleve el timón de la casa, así como el discípulo está sujeto al maestro, el efebo al gimnasarca y… el joven al enamorado”.

Plutarco

“Bacon, por huir de los abrazos de sus enamorados quiso refugiarse en los de aquella mujer, hermosa y rica.”

Soklaros

Recuerda los cuatro tipos de amor de los antiguos: el “natural”, a las cosas; el “sanguíneo”, a la familia, el “amistoso”, a los amigos, y el erótico”, al sexo. Este último es “el que nos empuja hacia los muchachos honrados y las muchachas virtuosas.”

Padre de Autòbolo

“Antileón de Metaponte y de Melanipos de Agriento, “no trataron de levantarse contra sus tiranos cuando éstos sembraron el desorden en los asuntos públicos y se entregaron a toda clase de excesos, pero cuando quisieron seducir a sus amados, resistieron cual si se hubiese tratado de asilos sagrados e inviolables.”

Francisco de la Maza

“La consideración a la mujer, equiparándola al varón moral y físicamente, es obra de los romanos. Para los griegos sólo las diosas fueron paradigmas de belleza o de talento. Las grandes figuras femeninas de la tragedia griega fueron pretextos artísticos. La belleza humana, cuando menos hasta el siglo III a.c., fue el efebo.

Francisco de la Maza

“Agesilao fue pequeño y de figura poco recomendable, pero su festividad y buen humor lo hicieron más amable que los de la más gallarda disposición.”

Plutarco

“Agesilao tenía el nombre y el aparato de general por la ley, pero de hecho Lisandro era el árbitro y el que todo lo podía y ejecutaba.” Esto provocó pleitos entre ellos, pero que lograron liquidar patriótica e inteligentemente. Muerto Lisandro, Agesilao dio muestras de ser un general tan activo como él, venciendo a Tisafernes, el famoso soldado de Ciro”.

Plutarco

“Lisandro, en una de sus victorias contra los persas, había conducido prisionero a Grecia al persa Espitridates, quien continuó al servicio de Agesilao. Tenía aquel dos hijos, uno “muy hermoso”, llamado Megabates, del cual “siendo aun muy niño se prendó Agesilao con la mayor pasión”, amor que continuó de tal manera que cuando Espitridates se apartó de Agesilao, éste se entristeció y “no ligeramente punzábale el amor que tenía al joven.”

Francisco de la Maza

“Un día —antes de la separación, suponemos— acercóse Megabates para saludarle con un beso; Agesilao lo rehuyó, por lo que el adolescente le continuó saludando de lejos “avergonzado”. A su vez, se arrepintió Agesilao y preguntó, haciéndose el inocente, que cuál “era la causa que había para que Megabates no presentara su boca para saludarlo.” Sus amigos le recordaron el repudio y entonces Agesilao declaró que “más gusto había tenido en sostener la pelea del beso que todo el oro del mundo.” Y decidió proseguir ante Megabates en ese plan. Por supuesto que el mancebo, cansado del desdén, se marchó, y fue entonces cuando Agesilao “se inflamó más”.

Plutarco

“La pederastia, como toda pasión, produjo muchas muertes y tragedias, de las cuales nos quedan elocuentes ejemplos. Dejando aparte las sospechosas amistades eróticas de los dioses, como la de Apolo y Jacinto o la de Hércules e Hilas, y ya en el terreno de la historia, una de las maldiciones fatales que cayó sobre la famosa familia de Edipo se debe al padre de éste, Layo, no por su amor a un efebo, sino por la violencia que le hizo. El amor, en cualesquiera de sus formas, fue respetado en toda la Antigüedad, salvo en el Judaísmo. Mas la violación, el soborno o la fuerza, fueron condenados, como lo son y lo serán siempre y en todas partes”.

Francisco de la Maza

“Plutarco, siglos después, diría que el amor de Layo fue “pedestre y terrestre”, muy diferente al de Protógenes, uno de los personajes de su Tratado sobre el Amor, el cual, a pesar de que viajaba para “revolotear en torno de los jóvenes hermosos”, no había hecho violencia a ninguno. He aquí la diferencia entre ambos: no el deseo o el gusto, sino la acción, reprobable en Layo por forzada y aprobada en Protógenes por respetuosa”.

Francisco de la Maza

“Vendrá pronto una edad triste; usa tu belleza; aprovecha tus dones efímeros.”

Papinio Estacio

“Glaucias, de costumbres puras, de perfecta modestia, de espíritu avisado y espléndida belleza.”

Marcial

“Estacio recuerda a Glaucias,  el amado niño muerto,  al  dilecte puer, cuya juventud y belleza “arrebatan” —rapit— al poeta, así como su modestia, su ternura y su pudicia. Sus ojos “eran brillantes como los astros del cielo”, su frente estrecha y su cabellera un digno marco a su rostro.” ¿Dónde está la boca —se pregunta— que hacía suaves reproches? ¿Dónde los besos en los que, cuando era abrazado se aspiraban las flores primaverales? ¿Dónde su risa mezclada con lágrimas? ¿Dónde su voz, que era como la miel hiblea? Nada queda sino las cenizas; nada queda sino el recuerdo…” nobis meminisse relictum”.

Francisco de la Maza

“Para Melior ya no hay quien mitigue sus penas o modere sus iras, ya no hay quien le ofrezca el vino, ya no hay quien ponga “un dulce desorden” en la casa. Ya no será despertado en las mañanas con murmullos (Quis matutinos abrumpet murmure somnos), ya no será despedido con abrazos al salir de su casa, ni será besado en la puerta. “La casa está muda, los dioses penates abandonados, el sitio en el tálamo y en la mesa están en silencio.” (Muta domus, pariter, desolatique penates et situs en thalamis et moesta silentia mensi.)

Francisco de la Maza

“Tenía en su alma más libertad que (los hombres) de buenas familias.” Era bello: “¡Eras más hermoso que todos los jóvenes y adultos y sólo cedías ante tu amo!”

Flavio Ursus

“Era su belleza ejemplo de virilidad: “La hermosura de tu rostro no era femenina, no tenías esos suaves rasgos de carácter doble que pasan de un sexo al otro y, aun cuando eras joven, tenías la gracia viril…”

Flavio Ursus

“Virgilio, es fama que su deseo amoroso fue inclinado a los mancebos” (Fama est eum libidinis promoris in pueros fuiste”)

Francisco de la Maza

“En verdad, Virgilio, entre todos, amó a Cebes y a Alejandro, al cual llama Alexis en la segunda égloga.”

Donato

“¡Oh cruel Alexis!, ¿por qué no oyes mis cantos? ¿No te apiadas de mí? Me obligas así a morir.”

Corydòn

“Y yo, por seguir las huellas de tus pasos, desafío los ardores del sol mezclando mi voz entre los árboles con la sonora cigarra.”

Corydòn

“Oh hermoso muchacho, no creas en el color; la blancura de la alheña cae y se cortan los negros jacintos.”

Corydòn

“No soy tan deforme; hace poco me vi en la orilla cuando el mar estaba plácido y sin viento, y si tú eres juez, no temeré a Dafnis, salvo que me equivoque de imagen.”

Corydòn

“Corydón es rústico y Alexis no se cuida de sus regalos, y a pesar de los regalos, ciertamente no lo consentiría Iolas”.

Virgilio

“La torva leona persigue al lobo; el lobo a la cabra y la misma cabra juguetona al florido citiso; y a ti, Oh Alexis! Corydón; a cada quien arrastra su pasión.”

Virgilio

“Porque se dice que Virgilio tuvo amores con muchachos, pero no los amaba torpemente.”

Joaquín Cardosa

“Júntanse con avidez los cuerpos, se mezclan las salivas en las lenguas y se respira el mismo aliento cuando los dientes aprisionan a los labios.”

Lucrecio

“cuando con los miembros entrelazados disfrutan del placer de la vida, cuando ya el cuerpo presagia los deleites y Venus se aproxima a fecundar el huerto femenino, estrechan ávidos el cuerpo, juntan las salivas y quedan sin aliento apretando los dientes: todo en vano, porque no pueden arrancar de allí nada, ni pueden tampoco penetrar y fundar un cuerpo con otro. Tal parecen querer y tratar de hacer por momentos, cuando con avidez se encajan en las partes de Venus, hasta que los miembros se enervan debilitados por el espasmo de la voluptuosidad. Finalmente, cuando ya se ha aplacado el deseo que hacía presa en los nervios, la violencia del ardor se relaja por un momento, mas luego vuelve igual ansiedad y se repite el mismo furor de cuando trataban de conquistar el objeto de sus deseos. Son incapaces de encontrar un ardid que venza su mal: hasta ese punto los infelices están roídos por la secreta herida.”

Lucrecio

“El amor sexual es el tipo generador de todo otro amor. En el amor, y por él, buscamos perpetuarnos y sólo nos perpetuamos sobre la tierra a condición de morir, de entregar a otro nuestra vida… Nos unimos a otro pero es para partirnos; ese más íntimo abrazo no es sino un más intimo desgarramiento… hay algo de trágicamente destructivo en el fondo del amor tal como en su forma primitiva animal se nos presenta… háse dicho del amor que es un egoísmo mutuo y de hecho cada uno de los amantes busca poseer al otro y buscando mediante él, sin entonces pensarlo, ni proponérselo, su propia perpetuación… porque lo que perpetúan los amantes sobre la tierra es la carne de dolor, es el dolor, es la muerte.”

Unamuno

“Maltino camina con la túnica baja; algún otro, por coqueteo, sube su túnica, obscenamente, hasta las ingles.”

Horacio

¡Oh Mecenas, de reyes ilustre vástago,
mi protector y dulce decoro mío!

Horacio

Te  oprimirá  la  noche, y cuando  escuálida
entre los manes téngate de Plutón la casa, ya en su hondura
no saldrás rey del vino en dulces fiestas,
ni admirarás al tierno Lícidas que inflama los donceles
y que muy pronto inflamará doncellas”.

Horacio

“Todos aquellos que temen aventurar un pie en un museo para no tropezar con las estatuas que el arte pagano nos legara como imperecederos monumentos de la civilización humana, también pueden abstenerse de abrir este libro…”

Cayo Valerio Cátulo

“Y atándome a tu cuello otra vez puedo besar tus ojos y besar tus labios.”

Cayo Valerio Cátulo

¿Por qué tus labios, de color de rosa,
Gelio, se ven más blancos que la nieve
si la hora octava del estivo día
te arranca a ti de tu descanso muelle?
Lo ignoro, mas la fama susurra
que tú vas a buscar torpes placeres.
De Víctor lo agotado y de tus labios
las huellas lo proclaman ciertamente.

Cayo Valerio Cátulo

“Si nadie besar siempre me impidiera
tus dulces ojos como miel, Juvencio,
yo trescientos mil besos les daría
y jamás me creyera satisfecho
aunque pudieran ser más numerosos
que las espigas secas nuestros besos”.

Catulo

“Oh tú que la flor de los Juvencios eres
no sólo de los de hoy los que fueron,
más de esos que ha de haber en lo futuro,
de Midas  las riquezas yo prefiero
que des a quien ni siervos ni arca tiene,
a que consientas en su amor, Juvencio.
¿No es hombre bello? Dices. Sí, sin duda,
mas sin arca y sin siervos vive el bello;
no me hagas caso, alábalo si quieres,
no ha de tener por eso arca ni siervos”.

Catulo

“¿Entre todo ese pueblo no hallarías,
para darle tu amor, un hombre bello,
en lugar de ese huésped de Pisauro,
más que estatua dorada, amarillento,
a quien amas y a todos lo prefieres?
No sabes el mal que haces, ¡oh Juvencio!”

Catulo

“Teniendo a Acmé, su amor, entre los brazos,
Septimio dijo así:   “dulce Acmé mía,
si a ti no te amo yo rendidamente,
si a ti no te he de amar toda la vida
cual pudiéralo hacer quien más te amara,
que en la India abrasadora o en la Libia
me mire solo, solo, expuesto a los leones
de glaucos ojos, que pavor inspiran.”

El Amor, que contrario se mostrara
de Acmé y Septimio a la pasión un día,
estornudó al oír esa promesa
presagio dando de futura dicha.
Acmé, inclinando entonces la cabeza,
al besar con su boca purpurina
los ebrios, dulces ojos de su amante,
“¡Oh Septimio, le dijo, vida mía,
si es la llama que corre por mis venas
más que la tuya abrasadora y viva,
mi dueño tú serás y a ti tan sólo
habré yo de  servir toda la vida!”
El  Amor,  que  contrario  se  mostrara
de Acmé y Septimio a la pasión un día,
estornudó al oír esta promesa
presagio dando de futura  dicha.
Bajo aquel buen augurio los dos viven
con mutuo amor amándose a porfía;
Septimio a Acmé sólo ama y la prefiere
al oro de Bretaña o de la Siria,
y de la fiel Acmé sólo Septimio
forma ahora el encanto y las delicias.
¿Hay seres más felices en la tierra?
¿Fue Venus para algunos más propicia?”

Catulo

“Mientras sean el fuego y la aljaba las armas de Cupido, ¡oh Tíbulo!, maestro, no dejarán tus versos de leerse”

Ovidio

“Albio Tíbulo, para ti la belleza, para ti las riquezas fueron dadas…”

Horacio

“Aquello que es de amor es seguro y sagrado
de todas maneras; no deben temerse las insidias”

Albio Tíbulo

“Éste atrae porque sabe domar un caballo con hábiles riendas; éste gusta por el modo como hiende el agua con su niveo torso; éste cautiva por su fogosa audacia… aquél por el pudor que muestra en sus virginales mejillas.” Y Priapo prosigue, sapiente indudable en estos achaques de amor: “Pero no te desesperes si, antes de dejarse llevar, acaso se niegan…”

Albio Tíbulo

“Si al principio se niegan, no te fastidies”, ¿para qué el fuge? y más aún con la rotunda afirmación que le sigue, extraída de la experiencia del dios pederasta: “… poco a poco ponen el cuello en el yugo”.

Albio Tíbulo

“Cede a todos los deseos del muchacho que amas; la complacencia vence generalmente al amor”

Albio Tíbulo

“No niegues tu compañía aun cuando el camino te parezca largo… y si desea embarcarse en las azules ondas pon tú mismo a flote la barca y no dudes en imponerte a duras fatigas y a usar tus manos en trabajos a los cuales no están acostumbradas.”

Albio Tíbulo

“Entonces te será fácil obtener los besos que has
deseado…”

Albio Tíbulo

“A las musas, mancebos, y a los sabios y poetas amad”

Albio Tíbulo

“Al que no escucha a las musas y vende su amor, que siga el carro de la diosa del Ida, que vague errante por mil ciudades y mutile sus viles miembros al modo de los frigios.”

Albio Tíbulo

“Vosotros, los que padecéis de los muchos artificios de un muchacho, consideradme maestro”

Albio Tíbulo

“Ten cuidado, muchacho, te ruego no hagas de mí un personaje de fábula y que se rían de mi vano magisterio.”

Albio Tíbulo

“Siempre, para inducirme, me ofreces un rostro afable; después eres austero, triste y áspero, Amor.”

Albio Tíbulo

“Deja de llorar, muchacho, que se inflaman tus cansados ojos con el llanto.”

Albio Tíbulo

“¿Por qué me hacías juramentos por los dioses si en secreto los violabas con otros traicioneros amores?”

Albio Tíbulo

“Siendo Herilo muchacho, fue amado por muchos, a quienes queriendo ahuyentar su maestro el filósofo Zenón, obligó a Herilo a cortarse el pelo, con lo que ellos se ausentaron”

Diógenes Laercio

“Mis versos son libertinos pero mi vida es honesta”

Marcial

“Te gusta ser poseído, pero después te lamentas.”

Marcial

“La noche que toques la cintura virginal de Cidipe, no envidiarás la veloz carrera de Ificlos ni las riquezas de Midas…”

Calamaco

“Dése a mi acción el nombre  de  fraude  y llámeme  yo doloso, si acaso es dolo desear poseer lo que se ama.”

Ovidio

“Heliogábalo, Por todas las aberturas de su cuerpo recibió voluptuosidad”.

Lampridio

“Heliogábalo creía sinceramente, en medio de su desequilibrio, que era el ser andrógino por excelencia, traído a la vida y al Imperio para ser goce exclusivo tanto de sí mismo como de los demás”

Francisco de la Maza

“Heliogábalo estimaba que el fin principal de su vida era ser digno y apto para procurar placer a muchos”.

Lampridio

Mira que tierno soy… flor de manzano,
más apacible y manso que un cordero,
pero mi alma agitada es peligrosa:
contiene yesca y sílice de hierro…

Stefan George

No me traigáis los juglares
de  maravillas;   no  quiero
la canción arrulladora
de las doncellas helenas
que lunas antes pedía;
atadme con vuestros lazos,
dulces flautistas del Nilo…

Stefan George

“Elio Vero que no tenía más recomendación que su belleza”,

Esparciano

“El nombre de esposa es un título de dignidad, no de placer.”

Elio Vero

“El divino Ganímedes, el más bello de los hombres, a quien arrebataron los dioses a causa de su belleza para que escanciara el néctar a Zeus y viviera con los inmortales.”

Homero

“Ganímedes era hijo de Tros, rey de Troya. Tuvo dos hermanos: Ilos y Asáraco. Ilos fue padre de Laomedonte, que tuvo por hijo a Príamo. Asáraco engendró a Capis, éste a Anquises y éste a Eneas. El efebo inmortalizado era, pues, tío bisabuelo de Héctor y de Eneas”.

Homero

“El amor a los mancebos es encantador; hasta el Crónida una vez se enamoró de Ganimedes…”

Teognis

“No; te traje aquí para que durmiéramos juntos.”

Zeus a Ganímedes

“Desde que trajiste a ese muchacho frigio me haces menos caso.”

Juno a Zeus

“Las infidelidades con mujeres quedaban, al menos, para ti sólo en la tierra, mas este joven que arrebataste del Ida y que has transportado aquí, vive con nosotros y está siempre en nuestra presencia, con el pretexto de que es el escanciador… y nunca tomas la copa de sus manos sin darle primero un beso, beso que es para ti más dulce que el néctar; por eso muchas veces, aun sin tener sed pides de beber…”

Juno a Zeus

“Algunas veces también apenas tocas la copa y se la devuelves, y después que él ha bebido se la pides de nuevo para apurar lo que en ella ha quedado, poniendo tus labios donde él puso los suyos, para de este modo beber y besar al mismo tiempo.”

Juno a Zeus

“Ese es el lenguaje de los corruptores de la juventud; por lo demás, yo nunca perderé el juicio hasta el extremo de acercar mis labios a ese frigio, tan blando y afeminado.”

Juno a Zeus

“Pues ese muchacho me es más grato y más amable… no quiero continuar por no aumentar tu indignación.”

Zeus a Juno

“Sólo falta que te cases también con él, en obsequio mío.”

Juno a Zeus

“Es limpio, tiene dedos color de rosa y, lo que más te mortifica, besa con una dulzura mayor que la del néctar”.

Zeus a Juno

Está enamorado, sabes,
¿quién te cautivó en sus redes?
Un muchacho.  ¿Cómo puedes
decirlo así a boca llena?
Sin temor, no tiene pena
quien habla  de  Ganímedes.

Francisco de Quevedo

tkidsV :  MUCHACHO, EFEBO

erkw : AMAR CARNALMENTE

jikew : AMOR

dmhaikik : COMPAÑÍA DE LA MISMA EDAD

KktkpnmsnkV: Inversión pasiva

prwtsn: Ano

enrnV: Ancho

peoV: Miembro viril

aidsia: Partes sexuales

jkdtrsm: Hechizo. Amor. Totalmente enamorado

hraw: Enamorarse

KaddistsV: Hermosísimo

Αρρην: Varón macho

μκδκΚικ: Varón afeminado

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