MINICUENTOS
enero 31, 2010, 6:51 pm
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Diego Leonardo

LAS COSAS QUE LE SUCEDEN A FERMÍN

La quietud raquítica del sendero hace sonar las doce campanadas. Un aire arisco retuerce el escenario tétrico de la ciudad fantasmal. Fermín sale de su casa en dirección indeterminada, y camina, y se entusiasma al ver venir a su encuentro a miles de lucecillas rojas encendidas. Avanza decidido hasta el final de la visión en que esos pequeños monstruos se esfuman en la oscuridad. Anónimos.

CREMATORIO Y VENTA DE HELADOS

Entremos a aquélla Heladería…, No, no ves que es una Iglesia.

-Después de acercarse un poco a verificar-

!-Ah!… Con razón decías que era un cementerio._

EL DINOSAURIO Y MONTERROSO

Cuando Monterroso despertó el Dinosaurio había desaparecido.

ALEPH PEQUEÑO E INFINITO

Turbado por las dos líneas semicirculares que originan el ángulo perfecto en un agujero pequeño y colosal se esfuma mi existencia hacia lo infinito del río de Heráclito.

DURMIENTE   DEL  VALLE

A Rimbaud

Un joven soldado con boca entreabierta, cabeza desnuda y nuca bañada en frescos berros azules. Dormido; tendido en la hierba, bajo las nubes. Pálido y con dos orificios rojos en el costado derecho…

Así lo ve Rimbaud. Es el durmiente del valle. Lo ve y se aleja en su canto hondo y melodioso.

En una edición de título soñado:   Poesía simbolista francesa, observo al poeta alejarse con aire dispuesto al reto de la misma eternidad.

Han transcurrido unos cien años, él leyendo el tiempo, el lector leyendo la insistencia. Cerré el libro y un brindis de sensualidad bañó las paredes de mi imaginación.

Era necesario ir a aquel encuentro. Acercarme, cerciorarme del hecho. Debía yacer aún tendido en el césped del valle.

El soldado estaba ahí, esperando, con los dos hoyos rojos encendidos. Me acerco lentamente evitando despertarlo para no herir más su herida.

La luz de la luna media entre su rostro juvenil- musical y el pensamiento y deseo del lector.

Dispongo el ambiente con la compañía de Bretón como coreógrafo, para que una vez despierte, se sienta atraído por la poesía del momento. Dos sillas y una pequeña mesa adornada de poemas lucen en la semioscuridad. Una botella de ajenjo y una como música de alas prestada de José Asunción en su nocturno nupcial. Mi espíritu rebosante de ansiedad…Dos copas crispadas, una de pasión y otra de espera.

La eternidad que es una forma de pintarse el tiempo, saluda con mis anhelos y pienso en los instantes que ha tenido que esperar para que

Arthur lo inventara; el viento del diecinueve soplara el poema allende el mar, y llegara a mi morada en donde como lector prevenido de aromas, cantos y rostros, leyera una noche de melancolía y decidiera venir a la cita.

Tenían que suceder todos los hilos de la existencia. Entrelazarse para que hoy estuviera frente a tu rostro, y frente a tu nuca, y frente a tus hoyuelos de sangre de amor.

Tomo suavemente su cabeza que yace inclinada en mi pecho. Mis ojos recorren su palidez nocturnal de años dormidos, mis labios recrean las líneas de sus labios nacarados de tiempo. En un vaivén del entendimiento los cuerpos tiritan de aliento, las copas se chocan en trance cuyos lamentos alcanzan todos los confines. Los brazos se abrazan acompasados. Un beso da color al paisaje y al corazón del paisaje. Las palabras fusionan los espíritus.

Caminan, con caminar lento y seguro.

Nos perdemos en una esquina de la oscuridad unos minutos después.

CUENTO ALREDEDOR DE UNA RIMA DE BECQUER

Le taparon la cara con un lienzo blanco, luego los ojos le cerraron porque los tenía abiertos. Después de los llantos, quienes ahí estaban, se fueron.

OTRA  SUB-VERSION

Velorio, lágrimas, comentarios fatales. Miradas infames e hipócritas. Luego de un café recargado, se marchan.

LA CARAVANA SE DETIENE A BEBER

En hondonadas sabiamente organizadas, la caravana avanza lenta, pensativa y cabizbaja. Hambrienta.

En un repliegue de la honda se detiene frente al abismo.

La Caravana avanza.

RITA Y RINA

Hermana Rina, mira allá arriba, no dizque son los hombres…

Hermana Rita, debes estar muy enferma. No logro divisar a nadie, excepto un olor hediondo.

RECORDANDO A POE

Laberínticos espacios se alcoholizan huracanados. Tempestades recónditas centellean en la psiquis envolvente del porvenir.

MIRANDO A POE DESDE EL ORIFICIO

Los hoyuelos panegíricos de las chapas de las puertas sirven de binóculos dinamíticos al hombre en su deambular solitario por las

calles de la bohemia y del cuento.

Allá va. Muy hondo.

UNA LECTURA DE LAS OTRAS

Debes leer un aviso que pende en la vía frente a él:  “Sociedad de Mercado”.

El hombre ya no existe.

EL CUADRO CASI PORNO

Todo lo que han dicho es cierto. Tanto los testigos como usted señor acusador tienen razón, y les pregunto, por qué no habría de hacerlo.

Cómo podía soportar que después de llegar a ese pestilente cafetín, luego de una jornada de trabajo intenso, y en los momentos de beber cerveza, con mi mirada en un óleo de mediados del siglo diez y ocho, en el cual los colores señalaban a los capataces aniquilando a los negros esclavos, una y otra vez, no interviniera y de ráfagas de pensamiento los ultimase. En compañía de otros hombres empuñamos los fusiles y lidiamos batalla.

Todos murieron, es cierto. Vi perfectamente como uno a uno iban cayendo del cuadro. Muertos. Y si la sentencia es llevar el cuadro al restaurador, lo llevaré con gusto, Señores jurados.

EL KARATEKA INVENCIBLE

A la gran Olimpíada se presentaron todos los campeones mundiales de artes marciales.

El Estadio se copó totalmente. Entre cien campeones debe salir victorioso el Gran Campeón. El dios karateka.

Así sucedió. La ovación estremeció el recinto, y lo hizo venir en añicos, dejando a miles de fanáticos tendidos de muerte olímpica. Uno solo entre tantos miles logró con sus músculos hercúleos, volver trozos a las columnas de granito y mármol de carrara.

Sudoroso se abre paso entre las ruinas y escombros y muertos fétidos de emoción. Al llegar al último portón, el hombre palideció, deja escapar rugidos de fiera herida, y cayó, pesadamente.

Salí de mi expectación y acudí en su ayuda. Le palpé el pulso y escuché su inexistencia. Lo miré de nuevo y grande fue mi impresión al notar en la planta del pié un clavo. Lloraba sangre.

MANERA COMO UN CUENTO SE VA AL CARAJO

Me dispongo a escribir un cuento. Tengo todo el esquema que he de desarrollar. Una historia tan simpática que deseo hacer parte de ella, pero cómo carajos me meto en los renglones…El protagonista se impone y exige su presencia. Debo encontrarlo en algún lugar. Se donde encontrarlo. Un lugar del centro de la ciudad se viene a mis mientes. Junín. Una calle de Medellín, entre prostíbulo y matadero. Me ubico en un punto estratégico. Lo veo venir…Me dije, ese es. Reúne todas las condiciones. Hablo un breve rato con él, acepta el ofrecimiento entre sorbos de tinto y burbujas de hombre plástico. Lo tomo de la mano derecha y trato de atravesar la avenida; y en un descuido de mi entendimiento, lo suelto un momento mientras…Y un bus del Barrio Campo Valdés, de esos que llaman borradores, lo borró del mundo material de las posibles líneas que no llegaron a ser.

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