HELIOGÁBALO EMPERADOR ROMANO Y SUMO SACERDOTE DEL SIRIO BAAL
enero 31, 2010, 6:38 pm
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Diego Leonardo

Elagabal, Sexto  Verio Autio Basiano, nace en Roma en el año 204.  Su abuela Julia Maesa consiguió  comprar a las legiones sirias para asesinar a Macrino, asesino a su vez de Caracalla, padre natural de Elagabal

Tiene catorce años cuando asume el poder imperial.  El hecho de que aquel joven mozo fuese sumo sacerdote del dios sirio El Gabal o Elagabal (Baal),impresiona muchísimo a los supersticiosos soldados del ejército de oriente, que le dan el sobrenombre de Elagábalo.

Entra en Roma con gran pompa, revestido de suntuosos ropajes dorados de Sumo Sacerdote y acompañado de la piedra negra   sagrada de Emesa y otros objetos santos de los asiáticos.  El nuevo emperador, licencioso, libertino y lujurioso se ocupa sólo de los sacrificios a su dios, dejando la dirección de todos los asuntos de Estado, en manos de su abuela Julia Maesa y de su madre Julia Soemias, a las que da los títulos de “augustas” y madres de los campos y del Senado.  Estas gobiernan a través de sus favoritos.

En el año 222 y luego de cuatro años  de reinado, los pretorianos ponen fin a Elegábalo y a su madre, echando sus cuerpos al Tiber.  Mientras flotan, un soldado se acerca a la orilla, los contempla, y recorre en su memoria los momentos iniciales del amor a su Emperador. Hacía guardia a la entrada de la Villa de descanso cuando se miran por primera vez.  Lo siente en su carne y corazón.  Un dios personificado en un poema hecho carne.  Se inicia lo que va a ser durante cuatro años un paraíso infernal.  Le ama  de verdad, pero la lujuria se despierta en el poema que hace palidecer las flores y enrojecer las nieves. Roma efeba y pretoriana danza en las ansias de Elagabal.

En las campañas lleva todo tipo de trajes y en  noches de jolgorio y fiesta danza una diosa de cabello dorado ensortijado, sediento del amor de sus soldados.

Da albergue a los más bellos pretorianos y su cuerpo se retuerce en ondas musicales y embestidas febriles.

Llega el alba y el emperador se dirige a la fuente a engolosinar  su cuerpo y embriagar su  visión con  los cuerpos desnudos de los atletas.

Los pretorianos quieren un nuevo amo a quien gobernar, y allá van los cuerpos sobre un Tíber frío y quieto, mientras el soldado recuerda…

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