ANATOMIA DE JERA
enero 31, 2010, 5:55 pm
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Diego Leonardo

Cabeza engolosinadora de mi visión. Fuerte, ágil, indómita. La poseo entre mis manos y pienso en ella. La contemplo. Me extasío. Bella.

Cabello rubio. Bucles inquietos. Negros, castaños, dorados.

Todos los colores fusionados en cabriolas de pasión. Se adentran en mí; mi pasión se adentra en ellos. Se bañan airosos en pegasos galopando en las nubes. Muy tersos.

Ojos lagos verdosos, calmos, apasionados. Panegíricos de mi andar. Aprisionado en ellos. Me enceguecen.

Pestañas circulares retadoras de la faz pasional de hombre.

Crines recias. Vellos que erizan mi lengua. La hieren.

Cejas guardianas de un edén nocturnal. Las tomo y las llevo a mis cuencas, a mis labios. Fetiches en mí. Conversación en solitario.

De nuevo fetiches. Cejas, pestañas, cabello y vello. Fetiches en mí.

Nariz auscultadora de sabor de  espacios de  existencia. Todo soy en ella. Me absorbe sigilosa. Recorre cada uno de mis resquicios.

Es una sensación indescriptible.

Mejillas sonrojadas. He meditado tanto en ese color…No me atrevo a pintarlo, simplemente lo palpo hasta el infinito. No sé por qué veo mi vida oliendo cada uno de los cuentos de las Mil y Una

Noches. No se por qué pero los huelo.

Boca esculpida  por un Praxiteles en pleno celo. Ese soy yo. Las líneas de los labios arrastran mi calma a ondas aleteantes. Trato de que el poema resulte objetivo pero la emoción sacude las bases de la frialdad. Estoy muy emocionado. La subjetividad me envuelve en su manto.

Dientes de metáfora. Ellos son la metáfora. Suplico me dejen la huella de fuego en mi rostro, en mi pecho, en mi vientre, en mis genitales. Imploro su ayuda.

Mentón cual iceberg invertido, redondo como el deseo. Esculpido por un poco de azar y un poco de vino. Lo rebaso con mi lengua.

Lóbulos inquietos insinuantes de voces murmullos y súplicas de amor. Te he dicho que me adentro en ellos. Orejas faroles a la orilla de mi río.

Cuello incitador de repliegue de dedos. Músculo y hombre. Mi agonía se desliza zigzagueante.

Pecho forma multicolor para el espíritu. Me adentro en sus pezones. Una fuga tenaz de inexistencia. La savia produce escarceos. Tengo un orgasmo…No tengo más palabras hasta la próxima gestación de placer.

Cintura desnuda para posar mis manos. La hacen plácida en trance jovial. Atraigo sus caderas a mi vientre y la poseo con mi antorcha de fuego líquido.

Caderas colosales. ¡Esas caderas tuyas Jera!. Me llegan otros nombres a la mente. Unas bellas nalgas. Nalgas en expectación triunfal. Es curioso que la línea semicircular que las divide derrita mi lengua como en bífidos. Me tira, me tira allá en la hondonada.

Muslos columnas dinamíticas como podría decir Neruda. Muslos fuertes que sostienen mi pasión. Eróticos. Galopantes. Troto en ellos. Me vengo en ellos. Me voy en ellos.

Vello acrisolado de vaivenes de yemas de dedos. Ese bosque lo recorro con mi mirada de fauno. Me miro en el espejo de ese bajo vientre, y veo al animal en celo. Celo de amor y de lujuria. Mis dedos se aprestan a hundirse en alta mar de las entrañas, buscando un hijo que no ha de venir. Habitará estas palabras cálidas de pensamientos furtivos. Jadeantes. Me enredo en ellos. Me sumerjo en ellos. Los saboreo. Tapiz de piel enamorada. Pubis fetiche.

Genital usurpador de tranquilidad. Esa forma se le escapa al mismo Platón. La belleza no esta en la figura cerrada.

Semicírculos en quebradas regulares de piel, sangre y hueso. Las rastreo con la savia de mi boca. Lamo y me embriago. El líquido me sumerge en una rara embriaguez.

Piernas recias con voz de clarines anunciando un alba muerta la aridez.

Pies de terracota nubia como exclama De Greiff. Incólumes.

Voraces de distancias y tiempo. La historia camina airosa.

Unas entrañas de pasión rasgan las vestiduras de mis músculos.

Se adentran en ellos, feroces. Cicatrizan más mi angustia. De heridas sangrantes va mi cuerpo.

Manos deleitosas recorren los poros de mi ser languidecente. Más y un poco más. Dedos que caminan mis mejillas. Los chupo y ellos también me chupan. Necesito tanto esas manos en mi protuberancia…Las necesito tanto.

Espalda cascada que baña mis impulsos. Dormita en ella mientras mis manos se detienen en el semicírculo sagrado. Sueño tan profundamente que penetro los senos todos.

Color de cuerpo que invade  los colores de mis espacios.

Sombras, luz, sonrojado, rojo, azul. Todo tu cuerpo lo pueblan el azabache y mis ganas. Cara a cara, cuerpo a cuerpo.

Canto de Jera. Canto de alondra. Verso a verso lo consumo y me consume en un caminar de ansias, de esos desapegos al apego.

Se vislumbra un punto omega. Cuántas veces me detenía en el tiempo a escucharlo…!Cuánto tiempo!.

Caminar de poema en mares serenos de amor y luego en océanos de pasión desbocada por las calles hambrientas de un río naciente. Mi mundo. Nuestro mundo.

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